martes, 14 de junio de 2011

Marchando contra la idiosincrasia

Un errado comentario levantó un apaciguado grito que permanecía enjuto y dócil en sociedad.
El gobernador de Jalisco sentenció con equívocas palabras una advertencia a la comunidad femenina de nuestro país. “Ellas los provocan…” Las mini-faldas y escotes provocativos son invitación formal a la violación y vejación sexual en las mujeres…”

En realidad… sí lo son.  Una ironía aplastante si consideramos y aceptamos que el machismo en México es de altas latitudes; en consecuencia, esperar que la indumentaria provocativa femenina no sea motivo para incitar al energúmeno del macho mexicano es un error flagrante. 

Por supuesto que esta situación es denigrante y alarmante, sin embargo el problema radica en la idiosincrasia de este país, forjada por siglos en el  albur “jocoso”, en los piropos desquiciantes y en la poca aceptación de los valores femeninos.  Cabe recalcar que estuve en la marcha denominada “De las putas”, me llamó la atención el movimiento y percibí más que un halo de recriminación al mismo gobernador, un clamor popular en contra de la idiosincrasia del macho mexicano, a ese que borracho golpea a su mujer, que despilfarra o ni siquiera percibe un salario, ese que cuando su mujer no está en casa le es infiel y alburea con orgulloso por su barrio a quien le permita, mujer, hombre o quimera…

 Foto: Paloma Oseguera Gamba

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martes, 24 de mayo de 2011

Hablando del subterráneo

Rápido, eficiente y decente, comparado con muchos otros sistemas de transporte “underground”en el mundo, el metro de la Ciudad de México es de altísima calidad. La arquitectura y dimensiones espaciales son idóneas, la comodidad de los vagones, egonómicamente hablando es correcta y las señalizaciones son las idóneas para el entendimiento de los pasajeros.

Pero entonces, ¿Qué pasa? ¿Que hace de la experiencia en el metro, un verdadero infierno para los pasajeros?

Si bien es cierto que la infraestructura del denominado metro  de la Ciudad de México es impresionante, sus conexiones entre  líneas son favorables y los trasbordos un hecho plausible; los fenómenos negativos en torno al metro de la Ciudad de México se resumen en la precaria educación que ni se intenta formar por parte de las autoridades, ni se desea asimilar por parte de los pasajeros.

La raíz de todo cuestionamiento en torno al sistema colectivo surge a través de la luz de la educación o en este caso la nula existencia de la misma. No podemos  prescindir de argumentar que la educación es un problema consabido, una falla medular en el Estado Mexicano que sin embargo, debe ser atacado por diferentes flancos  y en diferentes contextos para así  resolver la magna crisis que nos azota.

Bajo dicha perspectiva, cobra relevancia  la educación cívica, esa educación olvidada, postrada en anaqueles de la historia y dilapidada por intereses egocéntricos que el mundo del aquí y ahora demanda a todos nosotros los súbditos partícipes del mismo.


Vagones repletos sin vigilancia que regule la máxima cantidad de pasajeros, poca conciencia ciudadana por evitar  aglomeraciones y por supuesto limitada educación para entrever que en base a empujones no se convive, que ese anhelo de reto y “supervivencia” es en consecuencia una falta de respeto al otro cuando en una estación no se permite salir del vagón antes de entrar al mismo; todas cuestiones básicas que no dependen en lo absoluto de una evolución tecnológica sino una consciencia social mucho más arraigada.

Por supuesto no sólo la educación es factor, sino la permisible delincuencia que pulula gracias a la inoperancia judicial; vendedores  ambulantes que en teoría  no deberían seguir esgrimiendo con su insufrible letanía, o qué tal los energúmenos que haciendo caso omiso del señalamiento de asientos especiales para embarazadas, discapacitados o adultos en plenitud; esbozan cátedra cívica al aposentarse en el asiento prohibido.

Pero, ¿Qué me dicen de los inevitables grafitis en puertas, asientos y ventanas? ¿Qué me platican con respecto al incumplimiento de la misma lógica de saber que en las escaleras unos suben mientras otros bajan, ergo debe respetarse qué lado es para cada acción?

Mientras en nuestra vida no exista un ápice de educación y tengamos que realizar todo en base a coerción, prohibición o designios arbitrarios, nuestra sociedad continuará encaprichada en el individualismo y sentenciada a la ignorancia. 

Haciendo alusión a Martin Luther King, espero ver algún día que no necesitemos dividir vagones según el género, que los pasajeros que esperen un vagón puedan respetar en primera instancia a quien sale del mismo. Aún sueño el día en que la basura sea recogida, que se eviten escupitajos a destajo, que se respete la proxemia y que se procure a los más necesitados.

¿Cuándo dejaré de ver gente mayor, enferma y convaleciente pidiendo unos céntimos en el metro? ¿Cuándo se verá respeto a los discapacitados y la marea humana tendrá conciencia de su masoquismo?

Mientras tanto hemos de vivir usando un transporte subterráneo de altísima calidad en su infraectructura y servicio acompañado por un  infrahumano trato cívico bajo la complacencia de una autoridad  igualmente decadente.
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jueves, 19 de mayo de 2011

Derrocando el régimen partidista

Me desgasta pensar en las incongruencias sociales, esas que deben resolverse casi por unanimidad, por ser de cierta forma categóricos universales kantianos, que preceden de la razón práctica y también de la pura.
Nos sabemos desilusionados del sistema partidista, lo consideramos una bazofia, un nido de auténticos roedores interesados y de personajes insufribles para la política nacional y aún así...¿Qué hacemos y por qué seguimos entregando sufragios ininteligibles?

Sostenido desde el más puro espectro de la democracia y de su raíz utópica, siempre criticada pero también vanagloriada; ¿No somos nosotros, los ciudadanos dueños de nuestro destino nacional? ¿No somos nosotros, los que decidimos a quién ponemos como representante del pueblo, para el pueblo y por el pueblo? 

Si el término democracia aún alude a su gramema, entonces… ¿Por qué no exigir y consagrar un nuevo formato de representación popular que no tenga que filtrarse en las hediondas aguas de un partido político? ¿Por qué hemos de someternos al interés de la clase política nacional por preservar su “minita de oro” en lugar de apoderarnos de nuestras decisiones y exigir candidaturas ciudadanas?

Somos dóciles, cobardes e insensatos, incongruentes con nuestro pensar y accionar, sólo una voz tenue que manifiesta su inconformidad en palabras y que sumerge la cabeza en el asfalto buscando soluciones dionisíacas al dilema.

Requerimos que las plumas del país no sólo marchen, requerimos que el pueblo se una contra la mafia fáctica que dilapida la sumisa voz que de vez en vez se percibe pero que internamente prende brasas en nuestro corazón.


Levantamos la voz carajo, que este país nos pertenece a todos y no sólo a un esbozo de líderes que no permiten algo tan obvio como necesario, la verdadera y auténtica representación popular.
Requerimos candidatos ciudadanos que no tengan matices tricolores, que no ostenten a partir de un sol o de un yunque, ciudadanos capaces de construir y proponer a través de su propia esencia, comandados por el tenor de la necesidad de un pueblo.
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Recobrando la memoria revolucionaria

¿Habrá expirado ya el opresor ancestral de pueblos, intelectuales y revoluciones?
 ¿Yacerá  inerte entonces el eterno tricolor opresor, edificado por columnas de élites desgarradoras, usureras y desenfadadas?

¿Habremos finalmente y felizmente abrazado la consecución de ideales democráticos nacionales y  envolventes?

No, no hemos abrazado nada más que nuestra propia angustia y por tristeza aquí no hay margen de error. El simple desencanto de mis palabras es inconformidad y guía; un suplicio de melancolía por permear en mi patria un inconfundible gesto de irrelevancia comunal, de una indiferencia cautivadora, y un inocuo espectro revolucionario.

Los tiempos de infranqueables convicciones y plenitud cognitiva han desaparecido, la otrora inestabilidad no permanecía enjuta y dócil como ahora, sino voraz, propositiva y lacerante; un remolino de insospechadas teorías, de una izquierda convencida, motivada por gestos de justicia y libertad. Es decir, muecas de juventud que denotaban coraje por un cambio sustancial, labrado en puños de tinta magenta de imprentas clandestinas… Una ávida necesidad por equidad y esperanzadora parsimonia…

¡Qué lejos han quedado los sacrificios, los mártires  y las incesantes y proclives inconformidades sociales!


Ahora se devela la indiferencia, se es testigo de la poca sincronía, se confunde el hecho con el desecho, el demagogo con el caudillo y el olor a zozobra se entrelaza con la etapa anal del capitalismo exorbitante, del mercantilismo innecesario, del boicot hacia aquellas pocas voces juglares que se aferran a exhibir monopolios  y desnudar a aquel poderoso santurrón de los medios, al hipócrita creador de una mafia satelital y a un congreso dilapidado de dudas e intereses ajenos a su mismo deber…

¿Dónde se haya la libertad de prensa cuando se minimizan los datos, se infiltra la decoración en un hecho y se convierte en escarnio político?
¿Qué sucede realmente en Juárez, Chiapas, o en el Golfo?

¿Quién dictará sentencia al presidencialismo neoliberal actual, blanquiazul y dictatorial de ahora como en antaño durante setenta años?

Las luces del periodismo lucen apagadas y maniatadas  a través de un soporífero que apacigua y remite a concordias fatuas entre la información que requiere un pueblo y los recalcitrantes egocentrismos de gobiernos ineptos y escurridizos.

¡Quién fuera  
Scherer para enervar las fauces del pueblo, ser caudal del intelectual y goce de nuestras voces!

Disueltos en playeras de ocasión, forjan ahora estampadas las memorias y pensares de insurrectos del 68, ondean ideologías a través de puerilidades que no se  acercan  a una noción fehaciente de una revolución ideológica verdadera. Jóvenes carentes de orgullo, mediocres, deshilachados; sin fuerza ni corazón de nuevos bríos…


Cada día soslayo con ansias de cambio los reportajes amarillistas colmados de intereses proselitistas, rehúyo a la mojigata postura de los medios, de periódicos de cristal que no condenan más de lo permitido y no se atreven a arremeter por un cambio en sociedad procurando lo honesto. 
Voces sí existen, pululan y divergentes se escuchan; pues en el panorama nacional intelectuales los hay,  pero  ahora falta astucia, voluntad y coraje para actuar en consecuencia…

Y entonces…

¿Quién exhibe los gastos malintencionados de quien juega con la estafeta nacional?
¿Quién entonces se atreve a describir los incumplimientos de nuestros jerarcas sin pretender exclusivamente un aplauso social sino aspirando sinceramente a  remover los escombros de gobiernos fallidos?

¿Quién entonces se muestra objetivo y realza la carencia de una izquierda valiosa contemporánea sin desentonar con su propio destino?

Nosotros, quienes sobrevivimos al silogismo de nuestro tiempo, quienes leemos, reflexionamos y discrepamos hemos de sacudir las entrañas que cimbran nuestra tierra. Nosotros quienes contrariados por la ineficacia de nuestros gobernantes e idolatría de nuestro pueblo, somos quienes hemos de empezar a calibrar los engranes de una nueva patria soberana de su propia sangre…

Y entonces…

Devolveremos al menos la chispa contra la inoperancia, sumergiremos la apatía de sexenios en un abismo donde en el olvido se resguardarán  nombres borrascosos de Ordaz, La Madrid, Salinas y Zedillo. Expropiaremos  la verdad con nuestras palabras y con el  fuelle interminable de nuestros corazones  frenaremos el despojo de nuestras libertades; aquellas que subliminalmente se han fatigado de ocio y desfalco  coadyuvando con la  inconformidad latente y la poca voluntad de nuestra gente.

Con el aroma de un nuevo intento, como quien el nihilismo procura, de quien sabe y degusta su momento en la historia, quien imagina, organiza y ejecuta la nueva brisa de nuestra memoria….
México desencantado espera paciente y sapiente de que pronto se borrará con auge, reivindicación y gloria, la cicuta  de una nueva generación que carbura hacia una nueva afrenta, una nueva república, buscando el sostén de una incipiente nación de éxitos, coraje y una vanguardia insoluta…
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El errado modelo neoliberal

Es prudente y preciso percatarnos de la gran inmundicia en la que vivimos rodeados y manoseados como diría un viejo adagio y una que otra canción de Gardel.
Vivimos en un mundo fatuo, repleto de necesidades banales e inexistentes en los planos verdaderos de nuestra esencia. Sometidos ante el yugo de una esclavitud en nómina y sacrificados ante la impotencia de una introspección verdadera.

Los aparatos ideológicos tanto del estado como empresariales, carcomen nuestra ávida necesidad de independencia; necesidad que de manera intrínseca debiese anexar al compendio marxista de necesidades junto a la alimentación, vestimenta y techo.
La independencia contemporánea ha sido prácticamente transformada erradamente en el término egocentrismo, desafiando así, una verdadera conciencia de nuestras más profundas necesidades y anhelos; para intencionalmente satisfacer las inseguridades de otros.

Y es que bajo el rigor del dogma social, de la letanía malsana de la insípida educación occidental, nuestros senderos habitualmente convergen en un estrés que desborda nuestras convicciones, horada nuestro tiempo e inhibe drásticamente sueños y añoranzas. Consecuentemente también reduce sistemáticamente nuestra independencia por realizar todo lo que verdaderamente queremos.

Todo argumento anterior, no tiene intención de menospreciar al neoliberalismo exacerbado y salvaje actual, pues sería un cliché innecesario ante la obviedad del hecho coercitivo que el capitalismo expide. 

En realidad, el enfoque es sobre el trabajo que la actualidad dista mucho del sentido lógico de su creación. Es decir, en antaño, la idea del trabajo convergía en saber que mientras hubiera trabajo habría menos labores  pues consecuentemente se habría reducido significativamente el peso sobre un área en específico.


Lamentablemente,  en el mundo contemporáneo la terminología del trabajo ya no es así y éste ha fomentado un mayor incremento de labores y de medios de producción, reduciendo drásticamente el tiempo por la investigación, la educación y la reflexión personalizada llamada independencia.

La secuencia de acciones del materialismo histórico, proclama que desde la aparición de la Revolución Industrial, en cuanto el nivel de producción superó a las necesidades del pueblo, los productores no buscaron más que el vil despilfarro y coerción social al anteponer una desmesurada e innecesaria producción de nuevas necesidades que consumieran la producción excedente y redundante que tornaría en negocio para algunos.

Es justo ahí donde el Estado debió interceder para regularizar y minimizar el impacto social que nunca entrevieron y que hoy con desgano, algunos reniegan como un absurdo.

Y es que niegan que las generaciones actuales son maniatadas , pero proclaman libertades inexistentes cuando pulula un inadmisible razonamiento que se inclina ridículamente por los valores materiales. Por ese Ipod con almacenaje perpetuo, o ese automóvil de reciente modelo que nunca podrá alcanzar su velocidad máxima en una ciudad atiborrada de obstáculos.

Esos necios actuales, también reniegan  y sostienen que el sistema funciona pese a la mimetización y reproducción sistematizada de medios  retrógradas esencialmente de consumo en televisión y radio evocando una alienación insatisfactoria para la evolución social de un país.

No obstante con ello, dichos energúmenos favorecen ideologías mojigatas dependientes de marcas, personas, días, precios y demás sinsabores tan simbólicos como diegéticos para que al final nuestra independencia y libertad existan únicamente en poder elegir a nuestro amo, situación que con evidencia no exime ni la existencia del amo ni la del esclavo…

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